#20 Angus Primrose ¡¡¡desaparecer en el mar!!! -3- por Angel Joaniquet


Proseguimos el relato de “1980: la isla de San Borondón”, en el que Angus Primrose, instalado en una de las exclusivas ‘cabañas’ del área de Rodhe Island se reencuentra con la chica que conoció en el welcome party de su salida en la OSTAR. Aquí ambos comparten un romántico verano, hasta que se quedan sin blanca y deciden bajar al Sur...:

Reencuentro romántico

"Dos meses después Angus y Jane se encontraron en Nueva York. Angus quería pasar un tiempo en los Estados Unidos y se puso en contacto con Jane. Le pagó un vuelo en avión para que se acercara a Nueva York. Después de su crisis matrimonial, Angus estaba en Norteamérica, viviendo de sus amigos y con la intención de proyectar nuevos barcos en los astilleros americanos. Pero en la puritana Norteamérica, no sentó muy bien sus cada vez más agudas crisis etílicas. Hicieron desconfiar a varios promotores el encargarle algún proyecto.

Este Angus era un genial diseñador de yates. Y pese su vida disoluta, aún era una referencia en ciertos círculos náuticos. Su prestigio se empapó un poco, después de su reciente fracaso en el diseño del barco que proyectó para un sindicato inglés que participó en la última Copa América disputada. Pero sobre todo su descrédito se debió, en gran medida, por evidenciar, sin disimulo, su excesiva afición al “gin” y al “bourbon”.

“La compañía de aquella joven me irá bien”, pensó, en plena crisis existencial. La insistencia de la jóven  Jane en volverlo a ver, le sedujo y le llenó de vida otra vez. Pagó el costoso viaje en avión desde Gatwick, en Londres, al aeropuerto neoyorkino John F. Kennedy, para acercarse de nuevo con ella.

Hacía dos meses que Angus había desembarcado en Newport, tras realizar, exitosamente, toda la travesía en solitario por el Atlántico a bordo del Demon of Hamble. Angus recordó, durante todas aquellas jornadas de navegación, su fantástica noche antes de la partida de Plymouth y de cómo consiguió realizar con buen fin este feliz viaje, que fue debido -pensaba él- gracias a que Jane se encontraba con él a bordo, conviviendo con él en el velero. Notaba a Jane tan presente en el barco, que fue como si la acompañara en su larga travesía de 31 días.

La llegada de Angus a Newport se realizó con un gran jolgorio por parte de sus amigos. La travesía se produjo sin ninguna incidencia digna a reseñar. Allí celebró, junto con los suyos y sus colegas americanos su arribada. Era un auténtico éxito, después de su primer intento, realizado cuatro años atrás, que acabó con la fatídica zozobra de su “primer demonio”.

* * * * *

Jane, sabía, por lo que le había pasado a John Lennon, que las autoridades federales norteamericanas eran muy estrictas en materia de drogas.  Al entrar en el recinto de llegadas del aeropuerto neoyorkino  se comportó de la manera más sibilina para no hacerse notar demasiado. Entraba limpia al aeropuerto de JFK. Solo, llevó consigo, un exiguo equipaje de verano y unas cuantas mudas, para su aventura americana. Allí le esperaba Angus. Él se encargaría de todo.

Al verse, se besaron como adolescentes. El reencuentro fue pasional, más que emotivo. Buena señal, pensó Angus. Se trasladaron a Newport. Ocuparon una de las cabañas, cerca donde tenía fondeado el Demon of Hamble, y allí se instalaron.

Angus le contó que tenía intención de quedarse por un tiempo en los Estados Unidos. Y que no volverían inmediatamente a Inglaterra. A Jane le pareció estupendo, ya que tendrían más tiempo para navegar y quererse, a pesar de haber traído desde Inglaterra no más que un ligero equipaje de ropa, lo justo para pasar a lo sumo 30 días en Estados Unidos. 

El AC12m Lionheart

Angus tenía muchos conocidos en esta parte de la costa Este. El pasado año participó activamente en el diseño de un prototipo, formando parte del equipo inglés retador de la Copa del América, colaborando en el trabajo y preparación del America’s Cup Lionheart Challenge que compitió en las series del desafío.

Su presencia en la costa de Rhode Island se hizo notar. Su carácter extrovertido y chistoso, hizo mella entre los muchos armadores de la zona, todos cuarentones y amantes de la vida y la buena ginebra, del whisky y bromistas cínicos e irónicos empedernidos, que no tenían ningún escrúpulo en generar malvadas ocurrencias. Su nueva amiga Jane, hizo furor en este ambiente informal de la costa. Mientras Angus trabajaría en varios encargos para el diseño de un nuevo prototipo de velero, ella aprovecharía esta larga estancia para navegar por la costa atlántica norteamericana a bordo de los más sofisticados yates de Newport. Pero los encargos no llegaban.

A pesar de la critica situación de Angus, Jane estaba encantada con esta vida. Le agradaba el ambiente desenfadado de los amigos del borrachín de Angus. Su carácter irónico, sus excentricidades y sobre todo gracias al excelente lugar, una lujosísima cabaña costera en donde tenían su alojamiento, convirtió a esta estancia en un maravilloso paraíso. El verano atlántico americano es magnífico. Navegar en este período es una delicia. Para ella fue un delirio de sobrexcitación y de nuevas experiencias.

* * * * *

Los gastos crecieron y una noche Angus le comentó a Jane que trataría de vender el barco, su querido Demon of Hamble, para disponer de más dólares y poder hacer soportable la estancia de ambos en América. Fueron dos meses de alegría, drogas, sexo y “rock and roll”. Bañados por litros y litros de “gin”, agua de quinina, soda y “whisky”.

Con la llegada del otoño, el tiempo empezó a cambiar. Los brillantes días de estío azul se transformaron en jornadas grises y húmedas, como los noviembres londinenses. A finales de septiembre los frentes fríos del norte, procedentes del Ártico comenzaron a azotar la costa.

El Moody 33 mk1

Angus recibió el anuncio de que un ciudadano de Florida tenía intención de comprarle el Demon of Hamble. Entusiasmada la pareja decidió, rápidamente, trasladar “el Moody 33 pies” a Florida, a Fort Laudade. “No tenemos que desaprovechar la ocasión y perder esta oportunidad sería de imbéciles”. “No es el momento más propicio, para salir. Pero…”.

(continuará…)


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