#9 Príncipe de Asturias, ¡¡¡el Titanic español!!!
En las inestimables crónicas marítimas que Antoni Cansinos elabora en su blog Visita de Cortesía, remitió hace meses una efeméride sobre el naufragio del mercante Príncipe de Asturias, "que zarpó por útima vez del puerto de Barcelona el 16 de febrero de 1916, con rumbo Buenos Aires, según notificó en su parte diario el vigía marítimo del castillo de Montjuich. Magnífico transatlántico que tuvo el infortunio de naufragar en los escollos de la isla Ilhabela (Isla Bella) a 3 millas del puerto de Santos, su escala habitual en el Brasil, en la madrugada del 5 de marzo de 1916".
En plena I Guerra Mundial y la proximidad del famoso
hundimiento dos años antes del Titanic, la prensa de la época catalogó este desgraciado suceso como otra tragedia marítima más, muy comunes y bastante habituales en aquellos turbulentos años. Isidor Prenafeta relata en su libro 'El misterio del Príncipe de Asturias, el Titanic español', publicado por Editorial Noray, la siniestra historia de este trasatlántico.
Cuando el Príncipe de Asturias colapsó contra el arrecife llevaba oficialmente a bordo
588 personas, entre ellas 193 miembros de la tripulación, aunque se estima que
eran muchos más quienes viajaban en él, ya que también había muchos emigrantes
no registrados, práctica habitual en aquellos años. Del total, solo pudieron
ser rescatadas 143 personas.
El barco había partido de Barcelona destino Buenos Aires, programado
su viaje con escalas previas en Valencia, Almería, Cádiz, Las Palmas, Santos y Montevideo. En su momento,
este buque de 150 metros de eslora, de la naviera Pinillos, se consideraba uno
de los barcos más lujosos de la flota mercante española, rivalizando con los de
la Compañía Trasatlántica. Hoy, su lugar de naufragio, es un campo de buceo de alto
riesgo y gran dificultad, donde se puede practicar escafandrismo en la zona donde
reposa el pecio. En un reciente reportaje elaborado por el periodista brasileño Simone Machado para la BBC y un artículo del argentino Ignacio Risso, se ofrecen suculentos detalles sobre el
naufragio de este buque, ya que según reportan, el Principe de Asturias:
“… llevaba 16 días en alta mar. El
naufragio sucedió durante un lunes de carnaval. Por la noche se celebró un
baile y la tripulación danzaba ‘marchinhas’ en el salón principal. Aquella mañana
llovió mucho y la visibilidad era muy mala, y la navegación complicada, incluso para el experimentado
capitán José Lotina. Era su octava visita a Brasil al mando del Príncipe de
Asturias. Para evadir el temporal y mejorar la navegabilidad, aquella
mañana Lotina decidió cambiar de ruta. En lugar de dirigirse a mar abierto
hacia Santos, tomó un desvío. No sabía que la nueva trayectoria atravesaba
una zona de baja profundidad donde había arrecifes de coral".
Hundido en 5 minutos
A las 04:15 horas, el transatlántico impactó con formaciones rocosas en la zona de Ponta da Pirabura, en el litoral de Ilhabela. El choque dañó su estructura, abriendo una grieta de aproximadamente 40 metros en el casco. En cuestión de minutos se inundó la sala de máquinas, lo que provocó que las calderas explotaran y rompieran el navío en tres pedazos.
"En solo cinco minutos
ocurrió la tragedia: el Príncipe de Asturias se hundió y provocó la
muerte de más de 440 personas, lo que valió al transatlántico el sobrenombre de
Titanic brasileño, si bien sería más pertinente llamarlo el Titanic
español por su procedencia.
Para hacerse una idea de la
rapidez del naufragio del Príncipe de Asturias, hay que recordar que el
Titanic original tardó más de dos horas en sumergirse por completo. Del
barco español fueron rescatadas 143 personas y un barco inglés, que pasaba
por el lugar, sacó del mar varios cadáveres.
Más de un siglo después, el motivo del hundimiento del Príncipe de Asturias sigue siendo motivo de controversia. El cuerpo del capitán José Lotina nunca se encontró, ni tampoco el de su primer oficial, Antônio Salazar Linas. Se especula que había inmigrantes europeos que viajaban de forma clandestina, así como de refugiados y huidos de la guerra en Europa, porque el número de cadáveres hallados en las playas superó el millar”.
Incluso se sugiere que el
Príncipe de Asturias fue victima de un sabotaje y que fue obligado a
aproximarse más de la cuenta a la costa, lo que ocasionó su naufragio y hundimiento. Eran
los tiempos más turbulentos de la I Guerra Mundial, y estas acciones en
el mar, eran el pan cotidiano por aquellos años.
Ignacio Risso sostiene que tras el impacto con el arrecife:
“…ante la falta de electricidad, nadie
pudo enviar una señal de socorro. Por lo tanto, el barco se hundió en un
instante y nadie se enteró. Ante la necesidad de sobrevivir, las personas
que cayeron al agua con vida, optaron por nadar hasta la costa más
cercana. Al mismo tiempo, pocos lograron subir a uno de los botes salvavidas. Finalmente,
otro pequeño grupo de personas lograron ser rescatadas horas después, por
tripulantes del carguero francés Vega, que fue el primero en
registrar y alertar sobre el naufragio, cuando ya estaba hundido”.
Al día siguiente el trasatlántico español Patricio de Satrústegui, de la Cía. Trasatlántica, procedente de Río de Janeiro acudió a la zona del hundimiento para ayuda en las labores de rescate, pero solo pudo encontrar 6 cadáveres.
El Príncipe de Asturias
El barco se construyó en Escocia en 1914, dos años antes del naufragio, por encargo de la empresa española Pinillos. Tenía una estructura de doble casco, como el Titanic. En aquel momento era una tecnología punta que aportaba seguridad y rapidez. Fue el ultimo trasatlántico que se construyó en el Reino Unido para una naviera española. Sus medidas eran 150 metros de eslora, una manga de 18 metros, un puntal de 10 metros y un calado 8,5. Desplazaba unas 16.500 toneladas.
"El Príncipe de Asturias contaba con decenas de camarotes divididos por clases, 1ª, 2ª y económica, así como el sector de los migrantes, en la que se concentraban casi la mitad de las personas a bordo. Además de la separación por pisos, cada clase tenía su propia cocina y restaurante. La cocina internacional y refinada de primera servía un menú diferente, explica Plácido Cali, arqueólogo e historiador. Las familias adineradas se alojaban en los ‘camarotes especiales’ de primera clase con dormitorio, salón y baño con bañera, mientras los pasajeros del sector de migrantes dormían en habitaciones pequeñas, algunas incluso sin ventanas. Los pasajeros eran de diversos orígenes. Además de españoles -la mayoría- había italianos, portugueses, brasileños, franceses, sirios, turcos, argentinos e ingleses. Entre ellos había trabajadores del comercio, repartidores de periódicos, sirvientas, artistas, labradores, industriales, curtidores, cocineros, carpinteros, zapateros y estudiantes, detalla el historiador. Era un barco mixto que transportaba tanto personas como carga. Además de los pasajeros y tripulantes, en el fatídico viaje que acabó en tragedia iba cargado con cables eléctricos, vino portugués y metales como estaño y cobre, así como 12 estatuas de mármol y bronce que iban destinadas al Monumento a los españoles (Monumento a La Carta Magna y las Cuatro Regiones Argentinas) en Buenos Aires. También se cree que el barco contenía 40.000 libras de oro, pero nunca se encontraron".
Última foto tomada del Príncipe de Asturias, el 28 de febrero de 1916, cuando en el Ecuador se cruzó con otro trasatlántico español, el Infanta Isabel que procedía de Buenos Aires destino Barcelona* * * * *
Esta es la lista completa de artículos que transportaba el transatlántico el día de la tragedia: 12 estatuas de bronce destinadas al Monumento a los Españoles en Parque Palermo, en Buenos Aires; 1.470 toneladas de piezas de cobre; 668 toneladas de estaño; 25 toneladas de tungsteno; 150 toneladas de vanadio; 106 toneladas de cromita; 490 toneladas de cables eléctricos de alta tensión; 260 toneladas de láminas de cobre; 960 toneladas de plomo; 450 toneladas de acero especial; 80 damajuanas de mercurio; placas de corcho, 3.000 sacas de correo, un automóvil Renault 35HP y un lote destino el Arsenal de la Armada Argentina compuesto de 14 hélices de bronce de dos toneladas y nueve hélices de una tonelada; 20 anclas de hierro de dos toneladas, 14 anclas de hierro de una tonelada y 900 toneladas de cadenas de hierro.
Hoy, un lugar para bucear
Hoy, más de un siglo después del
hundimiento, muchos de los restos del barco se encuentran a una
profundidad de entre 9 y 30 metros en la costa norte de São Paulo, y es posible
bucear en el lugar para verlos. Sin embargo, el área es un peligroso sitio de
buceo debido a las corrientes de agua. Además, en el lugar de los restos,
las aguas son turbias y oscuras. Los buzos corren el riesgo de adentrarse
por error en dependencias del barco y perderse dentro, por lo que solo
profesionales con experiencia pueden acceder a la zona. Pero todo es poco para algunos submarinistas que buscan inocentemente el botín de las 40.000 libras en oro, que presuntamente aún puede encontrarse en alguna de las cajas fuertes empotradas en los mamparos del buque.





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