#52 ¡¡¡Autostop en el mar, no!!!, mejor decir: ¡¡¡hacer el ‘buquestop’!!! por Josep Antoni Berenguer

 

Hoy creo que ya es imposible. Pero, tal como nos cuenta Josep Antoni Berenguer en este relato, en su época juvenil realizó varios trayectos desde Barcelona - Canarias y viceversa haciendo ‘autostop’ y así cubrir viajes marítimos entre puertos. Eran como polizones autorizados, que se beneficiaban de la generosidad y  buena disposición del capitán del buque hacia estas personas.

Esta modalidad de lo que podríamos llamar ‘buquestop’ era bastante habitual. Hoy solo queda en el recuerdo y en la memoria de aquellos que tuvieron la oportunidad de disfrutar de esta modalidad de viaje marítimo:

 “Hubo un tiempo en que subirse a un carguero para realizar un viaje era fácil y barato. Solo dependía de la buena voluntad del capitán de turno. Si él te aceptaba, subías a bordo de la embarcación y cubrías un viaje con destino predeterminado, sin más problemas.

Para lograr esto era importante saber con quién ibas a topar en el barco, sobre todo a su oficialidad. Si por suerte, tu entorno familiar, social, incluso educacional, tenía una relación de amistad o de cercanía con el capitán, el armador o el representante del barco, facilitaba enormemente que pudieras subir a bordo, y de forma franca y gratuita, llegar al destino propuesto.

Normalmente también era importante coger el momento más oportuno y sobre todo del estado de humor de quien mandaba el barco. No solo dependía de que tuvieras una relación directa o indirecta con algún conocido o familiar de capitán, muy frecuente, sino también dependía del momento personal de quien mandaba la embarcación cuando solicitaba alguien ‘colarse’ en el barco, y sobre todo de que fuera un viaje a ‘priori sin problemas’.

Si por suerte, tenías una relación con algún conocido del capitán que te apadrinara en este viaje, el éxito era bastante seguro y si tu familia, por vínculos de amistad o proximidad, estaba relacionada, o era conocida en ciertos círculos de marinos, facilitaba más el trámite y te abría las puertas de que el capitán no tuviera ningún reparo en aceptarte a bordo.

Hoy, veo que esto es imposible. Normas laborales, leyes de prevención de accidentes, pólizas de seguros, protocolos de seguridad, controles de emigración y transporte de personas y demás trabas administrativas y burocráticas lo impiden. Se puede decir que en aquellos años de mi juventud se podía hacer ‘autostop’ en los mercantes españoles, sin problemas. Era tener la voluntad de subir en un barco, para hacer un viaje, y si el responsable de la embarcación, a riesgo y temeridad suya, aceptaba tu petición, ‘cap problema’. Por suerte o por desgracia, todo esto ya es tiempo de un pasado que ya no volverá.

Recuerdo en uno de estos viajes, de los muchos que hice como ‘polizón autorizado’ fue a bordo del buque Benimuslem, especializado en el trasporte de plátanos y frutas (tomates) principalmente desde Canarias (Santa Cruz de Tenerife) y Barcelona. Este carguero construido en Bilbao y botado en 1965, era cuando subí a bordo, un moderno buque, de casi 100 metros de eslora, una manga de 15 metros y un enorme calado de 9 metros, ideal para llenar sus bodegas de carga sensible y perecedera. Alcanzaba una espléndida velocidad de hasta 15 nudos a plena carga, gracias a sus potentes motores MAN G7V 52/47 de 2.800 CV.

Edificio de la Escuela Náutica de Barcelona, hoy Facultat de Nàutica

El cómo me embarqué como polizón autorizado en el Benimuslen se debió a una cuestión puramente académica. No conocía de nada al capitán, y por descontado no tenía ninguna relación cercana con su círculo profesional o de amistades. El único vinculo era que quería ser capitán de barco, como lo era él.

A finales de los años sesenta estudiaba en la Escuela Náutica de Barcelona (hoy Facultat de Nàutica) y era común oír, por parte de compañeros y de mi entorno estudiantil, que aprobar ciertas asignaturas con profesores como  Angel de Urrutia, que impartía la disciplina de ‘Astronomía y Navegación’ y la de ‘Teoría del Buque, que dirigía el también recordado profesor Cesario Diaz, solo se podía conseguir, y así poder finalizar los estudios y ser oficial de la marina mercante, si trasladabas  el expediente académico a la Escuela Náutica de Santa Cruz de Tenerife o la de Bilbao. Allí, decían, eran más ‘tolerantes’ A esta dificultad en superar estas dos asignaturas con aquellos honorables y estrictos profesores, también existía del recelo de poder superar otras asignaturas más asequibles, pero igualmente ‘engorrosas’, como la que impartía el profesor, Eduardo Moral (alias el ‘zapatores’), menos severo que aquella pareja de exigentes ‘cátedros’, y que se enunciaba como ‘Maniobra, estiba y reglamentos’. Sin duda estas tres superaban mi confianza de poderlas superar con éxito.

Ante este obstáculo, en mi preparación académica opté, sin dudarlo mucho, en trasladar mi expediente a Santa Cruz de Tenerife. En Canarias tenía familia, y me apoyaron en que lo hiciera, si esto era para mi bien.

Muelle España del Puerto de Barcelona, a finales de la década de los '60

Decidido, un día por la mañana, me fui al muelle de España, en la dársena de Comercio del puerto de Barcelona, con la intención de hablar con el primer capitán de barco que saliera del puerto de Barcelona destino Tenerife. Fue con el oficial del Benimuslen, y para gran alegría para mí, me aceptó sin ningún reparo a bordo, entendiendo francamente mi situación desesperada como estudiante, ante la estricta exigencia académica de aquellos profesores a la Escuela Náutica barcelonesa.

Después de un sincero cambio de impresiones, quedé enrolado en aquel barco. Tras completar su descarga, partió rumbo Tenerife y que cuando llegué al muelle exterior, donde atracaban estos fruteros, bajé y pude matricularme para continuar mis estudios de náutica. Por cierto, a decir verdad, aprobé bastante justo todas las asignaturas, aunque, eso sí, saqué un notable en ‘Meteorología’, lo que demuestra que mi interés por el mar era mucho más atmosférico, aventurero y de vivir en plena libertad con la naturaleza, que otra cosa.

Por supuesto, de haberme quedado en la Escuela de Barcelona, me hubiera costado mucho más, sacarme el título de oficial. Aunque lo hubiera conseguido…”

(texto traducido del catalán)

Fotos 'atmosféricas y meteorológicas' de Josep Anton Berenguer







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