#34 ¡¡¡La delgadez del navegante solitario!!! por David Ruiz

David Ruiz es un navegante oceánico. Diseñador, creativo, windsurfista, es sobre todo un magnifico literato, gracias a uno de los mejores relatos náuticos que se han escrito en el siglo XXI. Titulado como ‘Irse’, está basado en su viaje vuelta al mundo a bordo del Thor cinco. Lo publicaba periódicamente en un website, bajo el nombre de See You, creado ‘ad hoc’ para colgar sus impresiones mientras navegaba, y narraba como recorría los mares, conociendo personajes, lugares y experimentando sensaciones, que después sirvieron para editar su libro.

Lo que reproducimos aquí es un post, escrito en el extremo occidental del Pacífico, antes de iniciar su aventura por el Indico.

En él nos describe como se ve así mismo, mirándose en un espejo. Y ve el retrato de un navegante solitario. Con humor y una alta carga de ironía, se hace un autorretrato y una reflexión sobre eso de navegar solo, digno de figurar en las antologías de la narrativa náutica, por su agudeza y acierto. Va de flacos, en eso de tener el vicio de navegar en solitario. Transcribimos su autorretrato que publicamos en 2019 en el blog de Amigos del Atlántico:

 “Mi delgadez”

“Me miro al espejo y me llama la atención el tamaño de mis gafas. En un primer momento no entiendo como pude comprarme unas gafas tan grandes y como es que nadie me dijo nada al respecto. La familia, los amigos… Cómo es posible que nadie lo comentara. Me los imagino a todos dándose codazos descojonándose de risa a mis espaldas. Me siento ridículo y altamente traicionado.

Entonces me doy cuenta que en realidad es mi cara que ha menguado considerablemente.

Es decir, a mi desaliñado aspecto, comentado varias veces en este blog, hay que añadirle ahora una delgadez que empieza a ser preocupante. Hasta ahora venía afectándome desde el cuello hacia abajo, y más o menos lo podía ir disimulando. Camisetas grandes, pareos al viento, ocultarme tras un seto, etc. Pero ahora, la delgadez también se ha apoderado de mi careto y esto no hay quien lo disimule. Para colmo soy miope y necesito las gafas por mucho que se estén apoderando de mi chupado rostro.

La verdad es que no sé muy bien cómo solucionarlo. El problema de la delgadez es una especie de epidemia que ataca a todos los navegantes solitarios. Lo he comprobado. En aquellos veleros que viajan dos o más personas, es fácil ver barrigas generosas y caras de salud. Incluso se ven algunos seres que rozan la obesidad y lucen una expresión de felicidad crónica en el rostro, francamente envidiable. Además tienen la piel tersa. Sin embargo, cuando ves a un tipo hecho un pingo, con cara de náufrago, aspecto famélico, los músculos fibrados pero extremadamente delgados, marcándosele todos los huesos, el pelo (si aún lo conserva) hecho un estropajo y con los ojos inyectados en sangre, se trata, con toda seguridad, de un navegante solitario. 

Y no es que no comamos. Al contrario, por lo que he contrastado con otros colegas de mi misma condición, comemos todos como posesos. El problema es esta vida que llevamos. Y no es que me queje ahora de la vida que llevamos, en este sentido estoy muy satisfecho. Pero hay que reconocer que tanta actividad frenética y constante, lógicamente, acaba pasando factura. 

Tantos sobresaltos, tantas emociones sin compartir con nadie, tantas euforias y decepciones mezcladas. Por no hablar de las innumerables noches sin pegar ojo contemplando hipnotizados, cielos estrellados jamás imaginados o bien, pendientes de una maldita ancla que se ha puesto a garrear a las tres de la madrugada con arrecifes a sotavento. 

Todo esto acaba chupándote hasta la última gota de sangre. Y por mucho que te hinches a espaguetis a la carbonara, por mucho que te pongas morado de frutos secos, patatas fritas de bolsa, huevos con bacon, o tazones de chocolate desecho con churros, es inútil, sigues perdiendo peso de manera alarmante. Tu organismo se ha convertido en una maquina infernal de quemar calorías. 

Esto me lleva a pensar que si antaño fue el escorbuto la gran pesadilla de los marinos, ahora nuestra lacra, la del navegante solitario, es esta implacable delgadez que lentamente se va apoderando de nuestra frágil existencia. Por mi parte tengo claro que no voy a regalar nada; voy a vender cara la piel. Por mucho sacrificio que esto suponga, pienso seguir poniéndome las botas”.

Thor cinco. Publicado en Auckland el 20 de abril de 2019 


Comentarios

Entradas populares de este blog

#53 ¡¡¡Naufragio en la barra del Puerto de Arenys!!!, por Angel Joaniquet

#52 ¡¡¡Autostop en el mar, no!!!, mejor decir: ¡¡¡hacer el ‘buquestop’!!! por Josep Antoni Berenguer

#00 Doce meses

#55 ¡¡¡Cubriendo la ruta de las damas!!!, por Carles Rico

#54 ¡¡¡Vaya susto por una simple foto!!! por Carles Ramos