#42 ¡¡¡Para qué sirven los yates…!!! por Angel Joaniquet
Curioso artículo de Angel Joaniquet, publicado el 2 de
diciembre del 2016 en la revista digital Panorama Náutico, donde el
autor se pregunta ¿para qué sirve un yate?
Parece pregunta de perogrullo, ¡pero no! La cosa no es tan fácil.
En aquella fecha acababa de morir Fidel Castro y cierta prensa comenzó a despotricar
contra el revolucionario cubano, a causa de que poseía decenas de yates para su
uso particular. Como si tuviera kilates y kilates de oro y joyas escondidas en
su baúl de pirata, además de barcos millonarios.
Lo malicioso de la información era, que quienes escribían estas
críticas no querían saber que el guía cubano siempre fue un aficionado a la náutica,
que su fiel compañero Che Guevara era hijo de un arquitecto naval muy
reconocido por los yachtmen argentinos y quien organizó la logística del
desembarque fue el comodoro del Club de Yates de Cienfuegos, un prestigioso
abogado comunista. Una perfecta triada de aficionados al mar y de los yates y
como consecuencia de esta afición, era inevitable que sus conocimientos náuticos sirvieran de perillas para diseñar una invasión a Cuba e iniciar una
revolución, que ahora, parece, está en horas bajas. En definitiva... ¿para que sirve un yate?. Pues, como leeremos, tiene multitud de usos: Desde ser el vehículo idóneo para salir a bordo y disfrutar del mar (lo habitual), a convertirlo en un medio para iniciar una revolución... Este es el articulo:
“Los yates son tema
recurrente en la prensa del corazón... Y en la otra también... Normalmente este
vehículo náutico sirve para descalificar a ciertos personajes. Las noticias
sobre yates, siempre vinculadas a ciertos personajillos, tienen muchas veces
connotaciones peyorativas, críticas y ‘denunciativas’. Para mí, amante de
la náutica y de la navegación, es una lástima que la mayoría de las veces los
yates, las embarcaciones de recreo, solo sirvan para ser noticia cuando se ha
de hablar mal de algo, denunciar o evidenciar a alguna persona, y no por su
vertiente deportiva o de aventura. Que en principio es para lo que están
destinados…. Pero eso, parece que no es así…
¿Para qué sirve un yate? Para
una gran mayoría de la población existe la creencia de que solo están hechos
para fanfarronear, vanagloriar, exhibir una prepotencia. Esta manera de pensar
también se delata en la prensa, tanto la llamada erróneamente generalista como
la que se refleja en lo que antes se llamaba ecos de sociedad y ahora
es prensa de corazón, por cierto, hoy dia casi toda la prensa.
Yo siempre he creído que un yate
es una embarcación para el recreo, ya sea para el paseo, la excursión, la pesca
o el ‘regatismo’… Pero es obvio que para una gran mayoría, un yate es un objeto
que solo sirve para proyectar prepotencia y ostentación.
Cuando leo la ‘palabra
yate’ en la prensa convencional -no en la prensa técnica, ni en la
especializada en náutica, por supuesto- ya me pongo en alerta. Y no falla. Si
en el entorno de una noticia aparece la palabra ‘yate’, seguro que es para
hablar mal de algo, de alguien, para criticarlo o desmerecerlo… y puede que con
razón. Lo que me apena es que siempre tenga que salir ‘un yate de por medio’
para reforzar una crítica, un argumento contra un desalmado, o la denuncia a un
canalla. Cuando la embarcación no tiene culpa alguna.
Estos días los yates son noticia -y
no por sus ventas, novedades o proyectos de futuro-. Hoy son motivo de
comentario en la prensa en general, por asuntos que nada tienen que ver con la
náutica. ¡Como siempre!
Uno es porque en Cataluña
las embarcaciones que figuran como activos no productivos serán gravadas por la
Hacienda catalana. Puede que sea una buena idea. No la critico. La medida
afectará a estos yates que están en las empresas como bienes, pero que
supuestamente son disfrutados en el ámbito particular por sus ejecutivos o
accionistas mayoritarios, en el terreno de la más pura faceta privada. No voy a
entrar en materia. Hacienda, los políticos y la sociedad puede que tengan sus
razones.
Los yates de Castro
Otro, es con motivo de la
muerte de Fidel Castro. Y esto ya me ha parecido el ‘sumum’ de la insensatez.
Lo explico. Para descalificar a una parte de la familia Castro, desde hace
días, y de forma reiterativa y chabacana, tras la muerte del revolucionario
cubano, no hacen más que publicitar y reiterar la palabra ‘los yates de
Castro’ – como si fueran cosa del Diablo-. Señalan que tanto él, como
su familia, en especial su hijo Antonio, tienen varios yates en Cuba. Hasta tal
extremo se ha querido remover la cosa que en cierta prensa anticastrista
confundieron el nombre de su hijo Tony con el de un reputado diseñador de yates
portugués con el mismo nombre, haciendo
pasar por suyos los suntuosos megayates diseñados por el
arquitecto naval tocayo, como si fueran propiedad del hijo su disfrute exclusivo.
Hoy se habla de los yates de Castro como si fueran un objeto de pecado y no se
dice en verdad cuántos tuvo, y se le adjudican lujosas embarcaciones que nunca hubiera
pensado.
El caso es desmerecer a alguien a
través de un yate
Sobre este asunto pienso, ¿cómo
un yate puede servir para todo? Dependerá de la idiosincrasia de quien lo usa
puede ser un ‘firewall’ o un malvado ‘malware’. Un
yate, una embarcación de recreo, puede ser, aparte de ser un instrumento de
ocio y diversión, sano y deportivo, un ‘activo improductivo’, como penalizará
la hacienda catalana; un ‘apartamento patera’; servir para que algunos
idealistas hagan una revolución, o ser un vehículo idóneo para traficar con
personas, drogas y armas por parte de unos desalmados.
Y por supuesto. Un yate puede
servir para muchas cosas. En el caso cubano, sirvió en los años ’50 del siglo
pasado, para invadir y desencadenar una revolución en un país, como se ha hecho
en más de una ocasión en otros entornos geográficos. Este fue el caso y del uso
de un yate por parte de los seguidores de Fidel Castro. La revolución cubana
comenzó un 25 de noviembre de 1956 a bordo de una embarcación de recreo,
el Granma. Es muy razonable que si quieres entrar en una isla lo
hagas a bordo de una embarcación. Tampoco es casual que desde 1959 a 1969 un
tal Oswaldo Dorticós, amigo de Fidel, abogado anti-Batista y gran aficionado al
mar, fuera comodoro en los años 50 del Yacht Club de Cienfuegos y propietario,
a lo largo de su vida, de varios yates. Y este personaje ayudó en la operativa.
Este apego a la aventura de lo náutico, tanto de Fidel como de sus más allegados compinches revolucionarios, ha sido una constante en la vida del comandante cubano. Su adicción al mar ya quedó reflejada, 10 años antes de iniciar su revolución, cuando en 1947 Fidel se enroló en un golpe de Estado frustrado contra el dictador dominicano Rafael Trujillo, lo que se conoció como la expedición de Cayo Confites. Un grupo de insurgentes dominicanos –ayudados por jóvenes aventureros cubanos y veteranos milicianos españoles- promovieron una invasión armada para derrocar al régimen de Trujillo. Una aventura náutica y guerrillera, a bordo de cuatro unidades –yates deportivos de pesca de altura- que intentaron desembarcar en la isla dominicana, pero que fueron interceptados en la misma bahía de Nipe, cuando intentaban iniciar la expedición. Fidel Castro, acorralado, se lanzó al agua y escapó a nado hasta alcanzar el cayo Saetía y allí pudo huir del fiasco. Diez años más tarde hizo lo mismo, cuando decidió iniciar la revolución en su país, y no dudó en retomar esta romántica idea en armar y trasladar a Cuba a sus guerrilleros a bordo de una embarcación deportiva, tal como hizo.
Lo hizo con el Granma,
una embarcación de pesca amateur, de unos 14 metros, comprada al bróker mexicano,
Antonio del Conde, que también suministró el armamento necesario para el
desembarco a la isla a los revolucionarios cubanos, posibilitando, después de
una masacre en la zona de Magles de Los Cayuelos en la costa de Sierra Madre,
entrar en Cuba e iniciar su larga marcha hacia la Habana.
Con el Granma,
mitificado hasta la saciedad en los entornos revolucionarios cubanos, tampoco
pudo alcanzar el objetivo propuesto, es decir el desembarco en la playa
Colorada, pero continuó con su aventura revolucionaria, y cuando triunfó su
revolución, Fidel prosiguió con su afición náutica, a partir de entonces sin
tener que jugar a guerrillero.
Fidel, un pirata del Caribe
Su guardaespaldas particular,
Juan Reinaldo, dijo de Castro en una entrevista que ‘Fidel tiene la
mentalidad de un pirata del Caribe. Situarse fuera de la ley, navegar en la
informalidad, practicar el contrabando no le plantea ningún problema, puesto
que las circunstancias lo exigen y su postura de resistencia ante el embargo
estadounidense lo autorizaba todo’.
Aquí quiero ayudar a mis colegas que hablan, sin fundamento, de las 'decenas de yates' que tuvo Fidel Castro, y que en realidad fueron cinco, y todos de la república cubana. Los nombraré. Es cierto que fue un privilegiado, usándolos a su libre albedrío. Pero Castro, aficionado al mar y sobre todo a la pesca submarina, nunca pensó en abandonar sus aficiones náuticas. Y sin duda, desde su posición de poder, lo aprovechó. Para ello contó con varias embarcaciones, como las Aquarama I y II, la Pionera o las conocidas como Purrial de Vicana I y II. Destacar que Aquarama II ha sido su barco hasta hace poco. Amarrado en La Caleta del Rosario, en la isla de Cayo Piedra (cerca de la bahía de Cochinos), este fondeadero le servía como puerto base de sus otras embarcaciones de pesca, las dos Purrial, así como a la flotilla de guardaespaldas del comandante. Esta marina le permitía recorrer la costa meridional de la isla y acercarse en los bajos de coral que tanto gustaba recorrer haciendo caza submarina y buceo.
El Aquarama II era
su yate insignia. Un modelo vintage de lo más granado de los yates en
el Caribe, construido con maderas nobles importadas de Angola y con cuatro
motores de 1.500 HP de patrulleras soviéticas. Motonave de 89,63 pies
(27,3 metros) de eslora, con 4 baños, camarotes de lujo, aire acondicionado,
televisores, bar, navegador satelital, con ella recorrió toda la isla y parte
del Caribe sin ningún rubor. Dicen que desde hace unos años esta
embarcación se encuentra en régimen de chárter al mejor postor, para ‘quien
la alquile -lo asegura el periodista anticastrista Juan Almeida– al
módico precio de 5 mil dólares al día…’.
Bulo, o verdad, lo cierto es que al comandante le gustaban las actividades en el mar. Y seducía a los suyos a que le acompañaran en sus aventuras, ya fueran guerrilleras o deportivas. Es conocida su afición a la pesca submarina. Organizó un campeonato del mundo que escandalizó a la opinión pública internacional por la cantidad de presas cazadas en aquella edición y donde se cuestionó, por primera vez, el uso de escafandras de aire comprimido. Buzo excelente, le encantaba organizar estas partidas de pesca submarina con sus amigos. Su capacidad aeróbica era increíble y le permitía sumergirse a pulmón hasta a diez metros de profundidad sin dificultad.
Por todo ello no me extraña que en el funeral del cubano la persona elegida para representar a España haya sido el Rey Emérito. Un acierto. Sin duda, la persona más adecuada, ya que en el fondo Juan Carlos I también ha sido y es un hombre de mar. Y como hombres aficionados al mar, los dos se admiraron mutuamente. No por sus condiciones de estadistas (pura anécdota), revolucionario uno, monárquico el otro, sino como verdaderos colegas, ¡por que no!, auténticos camaradas, como entendedores del sentimiento atávico de lo que representa navegar, rodeados del horizonte marítimo.
Porque en el mar, los individuos que lo sienten de verdad, se identifican entre ellos y se reconocen como verdaderos amigos hasta la muerte".





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