#46 ¡¡¡La crónica anunciada de la explosión del Barcelona!!! por Àngel Joaniquet
Relato testimonial sobre la cotidiana rutina en la
redacción de un periódico..., crónica negra..., reflexión deontológica... : esta es la
historia del dramático final del petrolero Barcelona, que escribió Àngel
Joaniquet en el año 1988 y que la englobó dentro de su fanzine de narraciones
titulado “Islas Malditas” en el 2001.
La narración, escenificada en la redacción de un diario
sectorial, relata un momento de los días previos a la explosión de aquel
petrolero. También, indirectamente, muestra una semblanza sobre las víctimas que
se encontraban fondeados en la isla de Larak, al norte del estrecho de Ormuz, en
aquel tormentoso año 1988 y de las consecuencias colaterales que supuso entre
sus familiares y allegados aquella tragedia. Una situación parecida a la que
hoy viven muchos cargueros, también retenidos en aquellas aguas del golfo Pérsico
“Los ingleses la confunden con la
isla de la Alondra. Está a pocas millas de Qeshm, la antigua isla del Edén, tal
como la conocieron alejandrinos y los partos. Pero la isla Larak (26º51’N /
56º21’E), un roquero blanquinoso y ocre, en forma de gota redonda y de una
altura de 200 metros, poco tiene que ver con el paraíso. Es una árida mole de
rocas areniscas, rematada en la parte superior con restos fosilizados de
antiguos arrecifes coralinos, mucho más resistentes que la tierra que los
sustenta, lo que hace que su fisonomía sea hueca y reseca. Un paraje yermo,
surgido por el descenso del nivel del mar en épocas glaciales. A pesar de su
cercanía a históricas islas del mundo oceánico, como la isla de Ormuz, enclave
portugués, situada a solo seis millas al norte, de encontrarse a un tiro de
cañón de la mencionada Qeshm, paradisiaca y hermosa isla y muy cerca de la no menos
fabulosa Quish, hoy centro franco de turismo malgastador, Larak es un lugar de
tragedia.
En mayo del 1988 fue el escenario de un verdadero infierno que tuvo como protagonista un petrolero español, de nombre Barcelona. Un año antes esta forjaba su siniestra historia. El gobierno de los talibanes de Teherán, en plena guerra de desgaste contra su vecino iraquí, decidió convertirla en el centro de operaciones para la entrega de su petróleo a los mercados europeos. Instalaron en ella una pequeña base militar, al lado de las ruinas del viejo castillo portugués y fondearon permanentemente a un petrolero, el Seawise Giant, el mayor petrolero construido jamás en el mundo, para que sirviese de depósito flotante, a modo de rampa nodriza, para la recepción del preciado crudo iraní por parte de los petroleros que llegaban de Europa. Por todo ello se convirtió en el blanco continuo de los ataques de la potente aviación de Bagdad.
*****
Cogió el teléfono. Le pasaron una
llamada que le sorprendió. La telefonista del diario le dijo que era un tema
particular, y por ello no quería dar el nombre.
- Es voz de mujer- le dijo Lolita
a Ernesto.
- Vale, ¡pásamela!
La llamada le dejó algo
descolocado. No era un asunto particular. Era una desconocida y parecía que
quería venderle algo.
-Sí, dime, ¿quién eres…?
Ernesto estaba ya saturado, y eso
que sólo era la primera hora de la tarde. La mañana la había tenido complicada.
Después de una pesada comida, y por culpa de unos contundentes postres, por
celebrarse el día de Sant Ponç, santo patrón en Barcelona, de los dulces y las
golosinas, se encontraba somnoliento. Además, tenía que redactar una
información en profundidad, sobre una reunión mantenida entre dirigentes
sindicales de los estibadores del Puerto de Barcelona, con representantes de la
administración portuaria, para dar noticia de que se convocaba una huelga
indefinida en el sector de la estiba.
Al otro lado del auricular oyó
una voz débil, como apesadumbrada. Aparentemente era la de una mujer, joven,
por el timbre vocal, algo asustada, algo desbordada por unos acontecimientos,
que no sabía cómo explicarlos y que parecía vivía intensamente. Le pedía ayuda.
- ¿Con quién hablo?, ¿Cómo se
llama?
- Adelaida
- En que la puedo ayudar.
La voz, sin apenas tono, le dijo
que necesitaba urgentemente que publicara una noticia.
-Si está dentro de las
posibilidades del diario… y de nuestra línea editorial, no hay problema,
cuente…
Tenía que informar de la próxima
voladura en pleno Golfo Pérsico de un petrolero, de nombre Barcelona, que se
dirigía a la isla de Larak, en aguas de Irán para proceder a la carga de un
millón setecientos barriles de crudo persa.
Ernesto se sorprendió. En
términos coloquiales, se agobió. Solo le faltaba esto. ‘Y con el pollo que he
de escribir sobre el tema de los estibadores y… que he de redactar ahora mismo y…
que he de entregar antes de la cinco, a platinas’.
Al principio pensó que se trataba
de la amenaza de algún grupo terrorista, y que querían utilizar al diario, para
hacer pública su acción y reivindicar el hecho. ‘A ver cómo se lo cuento al
director, -pensaba mientras oía la entrecortada voz de la mujer- y a ver cómo
solventamos la crónica de la reunión con los estibadores y de la rotura de
conversaciones para la reconversión portuaria y la ya inminente convocatoria de
la huelga’.
Tomando aire, como para coger
algo de coraje, y sin pensar, lo que iba a decir, decidió sacarse de encima
aquella llamada… e intentó cortarla de forma tajante, sin sospechar cómo
reaccionaría aquella mujer.
- Adelaida, o como se llame, creo que, tendría
que ser más explícita sobre esta futura voladura del petrolero. Tendría que
informarlo al ministerio de Exteriores, o a la naviera. Realmente, no entiendo nada
de lo que me dice. No sé si me toma el pelo, o quiere que mi diario haga de
trasmisor de un acto de terrorismo…
- No. Le repito. Sé que el petrolero Barcelona
explotará en breve. Volará por los aires. Y a bordo hay más de 30 personas.
- Pero ¿ha explotado ya, o es solo una
amenaza? ¿Se lo comunicamos a la policía, y listos -le decía para sacarse de
encima a la mujer, sabiendo que la policía poco podía hacer en este tema- les explica
que hay un secuestro a bordo, ... o que hay un motín… o que algún grupo pide un
rescate?... y listos.
-Me está tomando el pelo. Cree
que soy una idiota… la policía española nada puede hacer en un barco que se
encuentra en aguas internacionales.
- ¡A ver! -dijo Ernesto al verse
al descubierto por el consejo que dio a la mujer-. Recapacitando le dijo: ¡Vale!,
explíquese mejor… ¿de dónde ha sacado esta información? Tiene que concretarme
mejor este hecho. ¿Es una acción política que alguien quiere reivindicar…? ¿Será
un sabotaje, de hecho, su futura explosión?
- No, es un hecho real que sucederá en breve.
- No hemos recibido ninguna noticia de ello,
ni por agencias ni por las empresas del sector o del comercio internacional.
Dígame exactamente que sabe y concretice más. ¿Quiénes son los que amenazan con
volar al Barcelona?
- No es una amenaza. Le repito, será un hecho real que sucederá en poco tiempo. Sé que va a ocurrir. Hay muchos intereses en juego para que suceda. Y ustedes tienen que prevenirlo y evitarlo.
- Pero ¡como un diario puede prevenir un
suceso que aún no ha ocurrido y que tendrá que ocurrir en un futuro!
Ramón, compañero de mesa de
Ernesto, situado enfrente de la gran mesa de la sección, dejó la tarea que
estaba realizando, leyendo y tirando a la papelera los recortes de teletipos,
que le habían dejado en la cajonera, para observar a su compañero cómo hablaba
por teléfono de forma exaltada y en cierto modo, preocupado. Ernesto le hizo
señas con la mano.
-No se trata de nada de lo que
sospecha – le dijo la voz de mujer del otro lado de la línea-. Solo le pido que
informe de que este petrolero será víctima de una explosión. Aún no se ha
producido, pero este suceso será inminente.
Más tranquilo, Ernesto, pensó que
se trataba de una histérica. Con un gesto con el dedo, girando sobre su sien,
quiso transmitir tranquilidad a su compañero Ramón, que le observaba desde
hacía un rato.
- Nada, una paranoica, -le dijo tapando, el
micro del teléfono, mientras seguía escuchando las explicaciones de la tal
Adelaida.
- Si no ha sucedido nada de lo que sospecha,
no podemos informar de un suceso que aún no se ha producido, entiéndame. Somos
un diario de noticias, no un oráculo de hechos futuribles. A no ser que haya
una amenaza de algo o de alguien y que objetivamente pueda ser noticia, no
podemos hacer nada. Si no me da más datos…
- Que más datos quiere, se lo digo yo, y ¡basta!
La información la tengo de primera mano.
- No puede pretender, ¡entiéndame señora o
señorita!, que publiquemos que el petrolero Barcelona sufrirá una explosión en
los próximos días. Sabemos que está en una zona de peligrosidad bélica, a pesar
de que no lo reconoce el gobierno español. Pero de aquí a decir que dentro de
unos días el petrolero tendrá una explosión, es temerario. ¿Hay alguna amenaza,
hay algo que le haga sospechar que puede producirse este suceso…? O ¿es usted
la que provocará la explosión...?
- Por favor no se burle. Solo quiero que me
ayude a evitar una desgracia. Solo se puede parar esta amenaza si se denuncia
con el debido tiempo.
- Le repito. Con lo que me dice no puedo hacer
nada. Es conocido que el buque navega por una zona de alto riesgo para la
navegación comercial, pero no se puede augurar, desde este periódico, de qué
por esta razón, por navegar por una zona peligrosa, el petrolero será víctima
de una agresión de un ataque o una explosión en alta mar.
Esto último, Ernesto, lo dijo con
un aire enérgico, como autoritario, y aparentando estar muy seguro de sí mismo.
El periodista vio como ya se
estaba entreteniendo demasiado en esta charla con la mujer. El tiempo se le
venía ya encima. Tenía que redactar la noticia sobre la ruptura de las
negociaciones entre estibadores y la Autoridad Portuaria, y sabía qué en los
próximos meses, el seguimiento de este proceso le llevaría bastante trabajo y
dedicación, dado que el diario tenía ciertos intereses con una de las partes en
el conflicto, y el que no estuvieran, este ‘sector interesado’, presentes en dicha
reunión era un asunto muy grave para ellas, ya que las empresas de estiba
estaban siendo marginadas en este proceso negociador. ¡Este sí era un tema importante
para el diario!, un asunto que afectaría a muchos accionistas y no el de los
barcos navegando por el Pérsico, que solo podría ser un tema recurrente más, para
una editorial. Y este no era su cometido.
Pero a Ernesto, muy a pesar suyo,
le enganchaba la voz, de postración y de lamento de aquella mujer con la que
hablaba. Por lo que, a pesar de todo, y las prisas que tenía para redactar la crónica
de la reunión en la que se convocaba la huelga de estiba, decidió no cortar de
raíz con la conversación y le tiró un nuevo e inesperado tejo para continuar
hablando con Adelaida.
- Por qué piensa así. Qué fundamentos tiene
para asegurar que el Barcelona será víctima de una explosión premeditada.
- Porque lo sé de fuentes directas. Un amigo
mío, y que Ud. conoce, viaja a bordo, navegando como camarero, y me lo ha
asegurado. Hay mucha tensión en el barco. Saben que serán víctimas de una
encerrona. Les están obligando a navegar por una zona que está fuera de la zona
de control de seguridad. Según me comentó, los armadores quieren sabotear el
petrolero, encubrir una explosión y cobrar la prima del seguro del buque y del
transporte. ¡Por favor! Tiene que denunciar este hecho, por lo que más quiera.
Ponerlo en conocimiento público. Solo su diario, puede dar credibilidad a este
turbio asunto.
- Necesito pruebas, usted no me las da…
A pesar de la poca fiabilidad de
la fuente, la enigmática voz tocó la fibra sensible del periodista. Dubitativo, y en tono casi coloquial, Ernesto
continuó:
- Adelaida, veo que ya está más calmada. Pero
le repito, ni nuestro diario, ni ningún otro diario, tiene la función que usted
pretende que haga. Un periódico no es el medio adecuado para dar a conocer un
presentimiento. Solo tratamos hechos tangibles. Lo que usted nos propone es,
simplemente, una suposición. Es una sospecha, que sí, que puede estar muy
fundada, y que esta percepción la puede tener toda la tripulación, o una parte de ella, pero esto solo es una suposición. Le recomiendo que antes de que le
ayudemos desde este diario, lo más sensato es que Ud. se ponga en contacto con
algún sindicato o alguna asociación profesional, y sean ellos quienes denuncien
la mala situación que se vive a bordo de este buque. Son ellos quienes pueden
de verdad ayudar en algo en este caso. Incluso puede ir a la policía, a la
justicia, pero estos, le dirán lo mismo que yo le digo ahora.
- Los sindicatos ya han alertado sobre este asunto, y nadie les ha hecho caso. Ningún diario ni emisora radiofónica les han dado eco. Mi novio me comentó que se lo dijera, y me aseguró que ustedes harían algo. Por esto, como última alternativa, y porque amo a uno de los que van a bordo, por eso he decidido llamarle.
Gimió, perdió el control de sus
palabras, y se puso a llorar. De pronto expresó con voz enojada…
-Todos son iguales, -lloraba-. Sois unos
cobardes, unos vendidos. ¿No ve que van a morir más de 30 personas por el
capricho de unos interesados? Y colgó su teléfono.
Ernesto se quedó perplejo y
meditabundo. Puede que tuviera toda la razón del mundo aquella mujer. Y con
ganas de saber quién era este amigo de Adelaida, que, según ella, Ernesto
también conocía y que por recomendación suya se dirigió a él. Pero ella ya no
estaba en el otro lado el teléfono.
Aturdido por la conversación, y
por el corte repentino de la línea, dejó el teléfono sobre la tecla. Quedó meditabundo. Su compañero Ramón le bajó
de la nube:
- ¿Qué te ha dicho la paranoica? Estabas como aturdido
y cautivado a la vez, por la conversación. Seguro que está buenísima y debe
tener un genio de yegua salvaje.
- Si, una voz verdaderamente seductora, y
tiene un amigo, que, parece, me conoce. Oye, Ramón, llama a Lorenzo, el del
sindicato de los marinos mercantes. Pregunta que pasa en el Barcelona. Si nos
dicen algo justificable, podemos hacer una nota, sobre el malestar que existe
en la tripulación por la orden de ir a buscar petróleo en una zona de guerra.
Asegúrate en confirmar la fuente, ya que diremos que la información procede de
ellos.
Tras pasar el encargo a su
compañero, Ernesto se puso a escribir sobre la reunión mantenida por la mañana
entre los dirigentes de la Coordinadora de Estibadores y el grupo de asesores
en reconversión, del Puerto de Barcelona.
Entre varias noticias sobre
actividad portuaria y la economía del día a día, relacionadas con el comercio
marítimo, el día siguiente, 12 de mayo, salió publicada en el diario una nota sobre el
malestar de muchos marineros españoles que navegaban en buques por la zona del
Golfo Pérsico, muchos de ellos fletados por el gobierno iraní. Y había una
especial referencia sobre el caso del petrolero Barcelona, próximo en atracar
en Larak Kuhi, y en donde se detallaba, según fuente de un sindicato de marinos
mercantes, que tenían indicios de un próximo ataque de la aviación iraquí
contra algunos puntos de carga de crudo iraní en la entrada de Ormuz.
En la misma mañana. Adelaida
llamó al periódico. Preguntó por Ernesto. No estaba en la redacción, pero Lolita,
que ya sabía lo de la tarde anterior, pidió el número de teléfono de la
confidente, para que cuando llegara el periodista, le pudiera llamar. Adelaida
se lo dio.
Llegado a la redacción, Ernesto
llamó a Adelaida. Esta, tras los saludos pertinentes, le soltó:
- Sí, he leído la noticia. Gracias por el
esfuerzo, pero no dice nada de la próxima explosión. No sirve de nada lo que
habéis publicado. Al contrario, será para peor. Y colgó.
Volvió a llamar Ernesto. Adelaida
no cogió la llamada. A lo largo de día insistió en ponerse en contacto con ella.
Fue imposible. Debía ser el teléfono de su casa particular. Nadie cogía el aparato. Intentó averiguar de donde era el número. En la compañía Telefónica
le dijeron qué si era un asunto privado, no podían darle el nombre del abonado,
y más sabiendo que no lo conocía. ‘Tendré que buscar un mejor amigo en
Telefónica’, pensó Ernesto. ‘He de averiguar quién es esta Adelaida’.
Al cabo de tres días, concretamente el 17 de mayo, el petrolero Barcelona, después de sufrir un terrible bombardeo por parte de la aviación iraquí, explosionó misteriosamente, cuando se encontraba varado y se procedía desde remolcadores-bombero a sofocar los restos del incendio, que aún perduraban en la nave. El incendio estaba totalmente dominado por la tripulación y todo hacía suponer que el buque estaba fuera de todo peligro. Pero explotó, cuando todo parecía estar bajo el control de los operadores que trabajaban en la extinción del fuego. Tal como predijo Adelaida.
En el accidente murieron doce
personas que participaban en la operación”.
Fotos del BT Barcelona: del website 'Mar y Barcos'






Comentarios
Publicar un comentario