#49 ¡¡¡Maldito viento!!! por Ferràn Rodríguez Quiles
El viento. El elemento imprescindible para la navegación a
vela. Codiciado por todo amante del sailing, su presencia es siempre deseada.
Los expertos dicen que no hay nada peor, cuando navegas a
vela, que la falta de viento. Lógico, si tu medio de propulsión es la vela. Una
calma resulta desesperante No hay nada peor.
Pero para muchos navegantes el viento es un engorro, y su
exceso, es un castigo. Y si no que se lo pregunten a Odiseo, cuando sus
tripulantes abrieron la bolsa de cuero que Eolo le regaló, y en donde estaban
guardados todos los vientos. Entonces se desencadenó la tragedia.
Es evidente que nunca hay viento al gusto de todos. Ferran
R. Quiles escribió hace años, mientras estaba de guardia en un cementero, el Cemenmar Tres, como un
frenético viento complicó el fondeo del buque, en el resguardo dels Alfacs, al
sur del Ebro:
“Fondeados a algo menos de tres millas de San Carlos de la Rápita y a media de la costa, frente la fábrica de
cemento Cementos del Mar SA. Es la madrugada (las 04:00 horas, de un primero de
diciembre de 1972).
Bien, es una hora buena para escribir. Sobre todo, después de haber pasado algo más de una hora en la proa.
Desde las 21:00 horas está soplando un vientecito que se las trae de verdad,
Supongo que debe ser constante en sus 40 nudos, alcanzando rachas de más de 50. Historias, anécdotas para ser contadas y a su
vez ¡olvidadas!
A las 01:30 he comprobado por
última vez la situación. El barco estaba en su sitio.
-Si sopla más, llame al ‘segundo’
y también a mí.
Estas han sido las órdenes que he
dado al timonel de guardia antes de irme a acostar. Una vez en el camarote he
tendido un par de camisas en el baño y me he metido en la cama. Como de
costumbre me he puesto a leer.
A pesar de todo, sentía una
cierta intranquilidad. Me daban ganas de despertar al ‘segundo’ y mandarle al Puente.
Aún no habían pasado 10 minutos, cuando he oído que bajaba repetidamente el
marinero y llamaba al 'segundo'.
-Creo que estamos garreando. [garrear: ir hacia atrás un barco,
arrastrando el ancla, por no haberse sujetado bien al fondo, o por la fuerza
del viento o las corrientes]
Me he vestido y en un santiamén ya estaba en el Puente. Vaya una gracia, me he dicho. ¡La que nos espera!
Claro que no era para preocuparse,
ni tan solo un poco, más bien me dolía y sigue doliéndome, por los pobres que
deben encontrarse en mar abierta, aguantando como mejor puedan este regalito,
“paga de noviembre y prima por entrar en diciembre”.
Hemos aguantado, verificando las
posiciones cada diez minutos. Al cabo de media hora ya habíamos corrido unos
900 metros, para fuera. Por la popa veíamos acercarse a un par de barcos de
arribada. El capitán ha subido diez minutos después que le llamamos. Antonio ya
estaba en la máquina y el contramaestre (el ‘nostromo’) conmigo. Una vez el capitán
ha visto la carta, el timonel, el ‘nostromo’ y yo hemos ido a la proa.
-Cobraremos el ancla, y después
fondearemos las dos. Primero la de estribor.
Con la capucha del anorak calada
al máximo, asomando tan sólo los ojos y la nariz, el viento se colaba que era
un contento, por todas partes. Agradecía la ocurrencia de haberme puesto dos
sweters y llevar puestos los pantalones de lana. El ‘nostromo’, en el molinete,
iba virando poco a poco la cadena y yo asomado por la regala mirando por donde
llamaba la cadena.
-Esperamos máquina, pues así no
podemos virar.
-Muy bien, enterado.
Una mano agarrándose, la otra con
la linterna y medio cuerpo fuera, mirando y pensando también. Mira que tener
que llamar por babor, la puñetera. Y el bulbo ese.
-Como sigamos así, … bueno, ¡qué
importa!
-La cadena llama por babor, ¡¡pasando
por encima mismo del bulbo!!
-Cuatro grilletes en el molinete.
- Muy bien, enterado.
Maldito viento, mira que es bueno
eso de que no me deje tan solo avanzar a pesar de la fuerza que hago. Menos mal, ¡suerte!, que viene a unas rachas,
sino ya me veo clavado, inmovilizado ahí, apuntalado en esta bita. Y ahora esta
linterna asquerosa, que alumbra cuando le pasa por las narices.
-Bueno, ¿qué pasa ahora?
-El ancla llama a pique por babor
con mucha fuerza y no podemos virarla más. Sugiero parar máquina, a ver si
yendo para atrás da un salto y pasa a estribor
-Muy bien, enterado.
Este maldito viento me va a helar
los pulmones. Ya no siento la nariz y tampoco las manos. ¡Vaya una juerga
flamenca esta! Venga puñetera, pasa de una vez al otro costado. Bien, quizás
ahora. ¡No, sí!
-¡Vaya hombre, menos mal!
-Dos grilletes en el molinete y
la cadena ya llama por estribor.
-¡Jo!, su abuela, no son largos
que digamos estos dos grilletes.
Aunque no sienta los dedos, que
no se me caiga la linterna, por lo que más quieras, ¡sólo faltaría eso!,
Miro el reloj y tan solo son las
cinco menos cinco. Estoy cansado y el estómago empieza a llamarme. He sido
tonto en querer quedarme yo aquí. No he dormido nada y el "segundo" ya llevaba
dos horas acostado cuando le hice llamar o le llamaron, ya no sé bien. Este
estómago mío está, por lo visto, mal acostumbrado. Quiere comer a todas horas y
eso no es posible. Además, que no hay nada para comer y a mí tampoco me queda
nada en mi despensa particular. Dentro de tres horas saldrá el sol y yo pienso
estar en cama con el estómago más o menos satisfecho. ¿Quién me mandaría a mí
estudiar para marino?.
-Ancla a la pendura. [pendura: ancla colgada, sin rozar el fondo]
-Bien, enterado.
Maldito, asqueroso viento. Quisiera saber por qué tenemos que ser nosotros quienes nos enfrentemos siempre con todos los elementos de la Madre Naturaleza. Desde luego creo que hay que tener pasta para ello. Podría pensar en lo bien que se está en la cama y sin embargo no pienso en ello. Me encuentro compenetrado con el "nostromo" y con la maniobra.
Mientras esperamos, nos
encontramos sobre el nuevo punto para fondear de nuevo, el "nostromo" y yo nos
ponemos al socaire de la maquinilla. A pesar del frío, viento y todas las
incomodidades surge la conversación. Amena, fluida, hablándonos desde muy cerca,
para poder ser oídos.
-Anduve seis años en el mar del
Norte y puedes imaginar las que llegué a pasar. Una vez en el Báltico poco nos
faltó para ir a pique. Llevábamos toda la cubierta helada y suerte tuvimos de
estar cerca de una isla. Por pelos nos salvamos.
-Pues lo de ahora, vaya una
fiesta, ¿no te parece?
Sí, se entendía de sobras que todo esto tiene muy mala cara.
-Ignoro lo que podrá ser para quienes están en
mar abierto navegando. En esos momentos se vive preocupado, casi rezando para
que nadie se encuentre en dificultades.
-Aquí en la mar ya se sabe lo que
son esas 'dificultades'.
Suerte que Dios lo sabe, y quizás
nos proteja. ¡Así sea!”


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