#48 ¡¡¡Médicos forzados!!! por Carles Ramos
Siempre he empatizado con una tarea de máxima responsabilidad
que algunos oficiales tenían desempeñado a bordo.
Los oficiales, los terceros en el eslabón, asumían uno de los cometidos más delicados y sensibles, el de ocuparse de los auxilios sanitarios que se producían en el
barco. Sin ser doctores en Medicina, y con solo con unos ligeros estudios de ‘primeros
auxilios’ y de ‘medicina general’ tenían que hacer frente a la mayoría de incidencias
sanitarias que surgían en un buque, como eran los casos de heridas y fracturas
ocasionadas por la rutina laboral, las intoxicaciones alimentarias o por bebida,
muchas de ellas etílicas, las fiebres tan comunes en recintos cerrados, el del suministro
de inyectables, las curas de quemaduras, evitar contagios entre la dotación, etc.
Varios commanders nos han explicado como han vivido
estas situaciones, a veces al límite, entre ellos Carles Rico, en su viaje por los mares del Norte europeo, o la de Ferran R. Quiles, en una escala en la ciudad portuaria de Durban, Sudáfrica, donde, sin ser ellos médicos, ni practicantes,
ni enfermeros, se han tenido que enfrentar ante situaciones comprometidas.
Aquí exponemos la experiencia de Carles Ramos, en esta área,
como responsable de la enfermería de un ferry, donde también se
transportaba pasaje civil, y que tuvo que intervenir a una señora entrada en
años…
“¡Gracias, doctor!
Cuando yo navegaba, en
Trasmediterránea, no sé si ahora es así, las responsabilidades de las guardias
no correspondían a la del resto de barcos del mundo.
Así, el Tercer Oficial tenía
guardia de 12:00 a 16:00 y de 00:00 a 04:00, el Segundo de 16:00 a 20:00 y de
04:00 a 08:00 y el Primer Oficial de 20:00 a 24:00 y de 08:00 a 12:00 horas.
De esta forma, también se
repartían las tareas de a bordo de cada uno de los oficiales, además de la propia navegación en sí.
Así el Primer Oficial se
encargaba de toda la carga y descarga, al igual de cómo organizar el embarque del pasaje. El Segundo se responsabilizaba de todo el control y seguimiento de la
seguridad interior, como poner orden a posibles broncas o peleas, gestionar los botes y las balsas, inspeccionar el material pirotécnico, sobre el control de los ejercicios, etc. Y el Tercer Oficial era quien gestionaba el botiquín y se encargaba
de la farmaciola y por tanto era quien tenía que efectuar las curas y cuidados a
quienes lo necesitaban, al igual que los primeros auxilios para quien los requería.
Hago este preámbulo porque
estando de 'tercero' en el Ciudad de Sevilla, creo recordar que
sería el año 1981, en la época en que se inician los viajes del IMSERSO (viajes de placer para jubilados españoles subvencionados por el Ministerio de Trabajo),
haciendo la línea Valencia – Palma, al poco rato de salir de puerto y poco
antes de iniciar mi guardia a las 00:00 horas, me avisa el Sobrecargo de que
una de las pasajeras del grupo de jubilados que transportamos ha resbalado en
cubierta y se ha hecho daño y que la están llevando hacia la farmaciola.
Me dirijo rápidamente a la enfermería, con bastante inquietud, pensando en lo que me podría encontrar y, por encima de todo, de que si yo estaría a la altura de la circunstancia con aquella emergencia y sobre todo si sabría hacer bien mi cometido y actuar de forma apropiada con la persona herida.
Cuando llegó la pasajera a la
enfermería, rápidamente supe por los dos bultos que se veían en su brazo
derecho -¡y no porque yo sea muy espabilado en esta materia!-, de que tenía una
clara fractura del cúbito y del radio de su brazo y un fuerte golpe, con una
importante inflamación, en la pierna del mismo lado. Aún se me pone la piel de
gallina cuando pienso en los dos bultos que tenía en la extremidad superior….
-¿Carlos qué hacemos??...
-Sobre todo calma...
-Al menos... da la impresión de
que la señora está en buenas manos.
Con mucha serenidad hice la
inmovilización de la fractura con una férula y el correspondiente vendaje, y posteriormente
le apliqué una crema antiinflamatoria en la pierna. También le di un calmante
por el dolor y le utilicé una tila para relajarla un poco.
Mientras duró toda esta ‘operación’
la señora no paraba de darme las gracias, diciéndome:
-¡¡Gracias doctor!!
.... y yo sólo pensaba:
‘Señora, ¡si supiera en qué manos
está....!”
Ejemplos de fracturas de hueso en las extremidades inferiores
Dibujos extraídos del libro de José
de Simón Quintana, Patrones de Yate




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